Cuándo soltar el trabajo estable
Entre decidir irte y renunciar hay un tramo que cada quien resuelve distinto, y los extremos no se parecen en nada.
3 min de lectura · 28 de agosto de 2026
Citados con su minuto exacto
Es la decisión que más se pospone y de la que menos se habla en concreto. Entre los invitados del podcast conviven dos posturas opuestas, y las dos funcionaron: hay quien no soltó nada hasta tener los papeles en la mano, y hay quien salió sin currículum siquiera y lo armó esa misma noche. Lo que ninguno recomienda es el punto medio improvisado.
En corto
Hay dos maneras que funcionaron y son opuestas. Héctor Quintanilla no soltó nada hasta tener la residencia: siguió trabajando y avanzando mientras esperaba a que se abriera una puerta completa. Cristóbal Lemoine se enteró de una oportunidad sin tener currículum ni portafolio, y los hizo esa misma noche. Lo que ninguno hizo fue improvisar a medias.
Hay quien no soltó nada, y le funcionó
La postura más conservadora del catálogo es también la de quien terminó fundando una empresa, lo cual desarma de entrada la idea de que soltar rápido es de valientes y esperar es de miedosos.
Héctor Quintanilla decidió con su pareja que si se iban, se iban en serio. En la práctica eso significó no acelerar nada: seguir con su vida y su carrera mientras el trámite avanzaba por su lado, con la puerta abriéndose completa o no abriéndose.
La lógica detrás es de riesgo, no de comodidad. Renunciar antes de que el trámite esté resuelto no acelera el trámite ni un día; lo único que hace es acortar el tiempo que puedes esperar sin que la decisión la tome tu cuenta de banco. Y como se vio en su caso, quien llega sin esa presión decide después con la cabeza fría, incluso si lo que decide es volver.
«no tenemos prisas, sigamos con nuestra vida aquí sigamos abriendo brecha, haciendo nuestro camino con una posibilidad de que se abra una puerta»
Y hay quien no tenía nada listo cuando llegó la llamada
La otra postura no es la contraria por temeraria, es la contraria porque le tocó otro orden. Cristóbal Lemoine cuenta que le pidieron currículum y portafolio en un momento en que no tenía ninguno de los dos. Los armó esa noche.
Lo interesante es la conclusión que saca, que no es la que uno esperaría de esa anécdota. No dice que se pueda improvisar. Dice lo contrario: tenerlos siempre listos, precisamente porque el aviso llega cuando llega y no negocia contigo.
Puestas juntas, las dos posturas no se contradicen tanto como parece. Una dice que no sueltes lo seguro antes de tiempo; la otra, que estés listo para cuando el tiempo llegue. Lo que ninguna de las dos recomienda es el punto medio improvisado: renunciar con la esperanza de que aparezca algo, sin trámite avanzado y sin portafolio que enseñar.
«no tenía ni el CV ni el portafolio hecho lo hice lo hice esa noche»
Se sabe por la claridad, no por las ganas
La pregunta de cuándo saltar se suele contestar con intensidad: cuando ya no aguantes, cuando lo desees lo suficiente. Es mal indicador, porque el hartazgo aparece mucho antes de que haya a dónde ir.
Miguel Camacho es ilustrador español y compaginó dos trabajos durante diecisiete años antes de vivir solo de ilustrar. Esos diecisiete años son el contexto que le da peso a su consejo, que viene en dos mitades y hay que quedarse con las dos: ser valiente cuando uno lo tenga claro, y no tirarse a la primera que parezca buena.
Su advertencia dice algo específico sobre la segunda mitad. No está diciendo que esperes a estar seguro —eso no llega—, está diciendo que la primera oferta que aparece después de mucho tiempo esperando se ve más grande de lo que es, justamente porque llevas mucho tiempo esperando. Ese es el momento en que peor se calcula, y es exactamente cuando casi todo el mundo decide.
«pero que no se tire a la primera piscina que vea con agua, porque igual después no hay tanta agua»
La lista
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Preguntas frecuentes
- ¿Hay que renunciar al trabajo para poder migrar?
- No hay una sola respuesta. Héctor Quintanilla no soltó nada hasta tener la residencia permanente, y desde esa posición decidió con calma; Cristóbal Lemoine armó currículum y portafolio en una noche cuando la oportunidad apareció. Lo que ninguno recomienda es improvisar a medias.
- ¿Cómo sé si ya es el momento de dar el salto?
- Miguel Camacho, que compaginó dos trabajos durante 17 años antes de dedicarse solo a ilustrar, lo pone en dos mitades: sé valiente cuando lo tengas claro, pero no te tires a la primera piscina que veas con agua, porque igual después no hay tanta agua.

