Lo que te cuentan de irte, y lo que de verdad encuentras
El relato que circula sobre trabajar fuera no siempre coincide con lo que reporta quien ya llegó.
2 min de lectura · 28 de agosto de 2026
Citados con su minuto exacto
Antes de irte vas a oír muchas versiones de cómo es aquello, y varias van a estar equivocadas. Quien ya llegó cuenta cosas distintas de las que circulan, empezando por las horas que se trabajan. Y una pregunta que casi nadie se hace: irse no tiene por qué ser para siempre.
En corto
El relato que circula sobre trabajar fuera no coincide con lo que reporta quien ya llegó. GabyPao Barrera esperaba jornadas sin descanso y encontró horarios respetados. Douglas Blanco va más lejos: sostiene que todos deberíamos migrar aunque sean tres meses, por perspectiva y no por dinero.
La jornada infinita es un cuento que se repite mucho
Antes de irte vas a oír muchas versiones de cómo es aquello, y varias van a venir de gente que nunca fue. La más común es la del sacrificio: allá se trabaja el doble, no hay vida, prepárate para no dormir. Conviene desconfiar, porque quien ya llegó cuenta otra cosa.
GabyPao Barrera llegó a Los Ángeles con esa versión en la cabeza y encontró lo contrario: horarios que se respetan, días libres que existen porque los marca la ley, fines de semana en los que nadie escribe. En Ecuador eso no le pasaba. La sorpresa no fue que allá se trabajara poco, fue que la exigencia estuviera en otro lado.
Su conclusión es la que importa y no habla de horarios: no vivas la experiencia a través de lo que cuentan otros. El relato que circula sobre irse está hecho de casos sueltos, contados por gente que fue a otro país, en otra industria, en otra década. Sirve para prepararte, no para decidir por ti.
«yo venía con esa condición de que no, acá va a ser súper difícil, vamos a trabajar todo el tiempo, vamos a estar full. Yo vine con toda la adrenalina de trabajar, trabajar, trabajar. Y cuando ya me contrataron en la agencia, pues fíjate que no»
Irse no tiene que ser para siempre para que sirva
La pregunta se suele plantear como un portazo: me quedo o me voy, y si me voy es definitivo. Planteada así casi nadie la contesta, porque el costo de equivocarse parece total. Douglas Blanco, médico venezolano que ejerce en Nueva York, la plantea de otro modo.
Su argumento no es económico. Sostiene que todos deberíamos migrar en algún momento, aunque sean tres o seis meses, aunque sea solo para estudiar, y lo que persigue no es un mejor sueldo sino ponerse del otro lado y ver que hay algo más allá de la realidad que uno tiene alrededor.
Eso encaja con lo que cuentan quienes volvieron. Lo que regresa contigo no suele ser el puesto ni el dinero: es el criterio, saber cómo se trabaja en otra parte, tener con qué comparar. Y visto así el cálculo cambia. Tres meses fuera no compiten contra tu carrera entera; compiten contra tres meses aquí.
«todos en algún momento deberíamos de emigrar a otro país, así sea para estudiar, así sea para vivir unos tres, cuatro o seis meses. Que tú te pongas del otro lado y sepas de que hay algo más allá de tu país y de la realidad que tú tienes alrededor»
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Preguntas frecuentes
- ¿Se trabaja más horas en el extranjero que en Latinoamérica?
- No siempre. GabyPao Barrera llegó a Los Ángeles esperando trabajar sin descanso y se encontró con horarios respetados, días libres de ley y fines de semana libres, a diferencia de lo que vivía en Ecuador.

