Los cinco obstáculos que frenan a quien quiere migrar
No son cinco problemas distintos. Son cinco formas de posponer el mismo salto, y el tiempo las agranda o las deshace.
5 min de lectura · 2 de septiembre de 2026


- Cruzó deVenezuelaEstados Unidos
Johanna Figueira
- Cruzó deEcuadorEstados Unidos
Diego Guevara
- Cruzó deMéxicoCanadá
Luis Arvizu
Citados con su minuto exacto
Cuando alguien quiere irse y no se va, rara vez es por una sola razón. En marzo de 2021, después de decenas de entrevistas, Aldo Tobias subió a Seymour Mountain, a una hora de Vancouver, y nombró los cinco frenos que se repetían: miedo al cambio, falta de experiencia, no tener contactos, el idioma y el dinero. El episodio dura quince minutos. Lo que sostiene este artículo no es el listado, es el hilo que él mismo pone al principio: los cinco tienen que ver con el tiempo. Se resuelven o se pudren según cuánto tardes en atacarlos.
En corto
Los cinco obstáculos que más frenan a quien quiere migrar son el miedo, la experiencia, los contactos, el idioma y el dinero. El miedo no se va, muta. La experiencia se acelera colaborando. Los contactos se piden de a diez minutos. El idioma se resuelve practicando, no esperando a dominarlo. El dinero aparece cuando el gasto diario coincide con el destino, no con el antojo.
El miedo no se vence, se convive con él

El primer obstáculo no es el trámite. Es el cuerpo: quieres irte y estás aterrado. Aldo lo dice sin romanticismo. Ese miedo al desconocido aparece en cada salto de la vida, de la primaria a la prepa, y no hay historia ajena que lo apague del todo. La instrucción no es esperarlo a que se vaya.
Los miedos de antes de subir al avión no son los de después. Mutan. Y en el archivo del podcast hay un dato incómodo para quien usa el miedo como prueba de que no debe irse: Aldo no conoce a nadie que se haya arrepentido de haberle dado la mano.
Johanna Figueira, venezolana, llegó a social media en Wells Fargo en San Francisco. La vacante la encontró en LinkedIn. No se sentía lista. Fue igual.
«Invítale una tacita de café, invítale una cheve, invítale a ver Netflix porque siempre va a estar contigo.»
«yo nunca estaba preparada para mí los trabajos que he hecho ni los proyectos que a ver yo digo sé lo que sé lo que sé y voy a dar lo mejor para mí pero ya ver yo nunca me sentía como ya lista No, esto es, o sea, siempre hay miedo, muchísimo miedo.»
La falta de experiencia es carne fresca, no un veredicto

El segundo freno suena razonable: no me voy porque no tengo experiencia. En el episodio de la montaña Aldo lo da vuelta. Si no traes las mañas de una agencia, puedes aprender el sistema del país al que llegas. El problema no es estar fresco. El problema es no acelerar la curva.
El tip que se repite en el catálogo es el mismo: métete a proyectos ajenos. Un podcast, una revista, alguien que hace branding, un canal. Un año de colaboraciones distintas pesa más que un año esperando el puesto perfecto.
Diego Guevara, que llegó a dirigir diseño global en Nike, lo formula desde el otro extremo de la carrera, y conviene leerlo como instrucción, no como consuelo: el portafolio nunca está terminado y un buen diseñador nunca está listo, así que eso no es razón para no aplicar. El artículo de qué debe tener tu portafolio desarrolla esa pieza. Aquí basta con no usar «todavía no tengo experiencia» como si fuera un estado que algún día se cierra solo.
«No tener miedo a aplicar a trabajos porque creas que no estés listo, como decía en el otro podcast, un buen diseñador para mí nunca va a estar listo, tu portafolio nunca va a estar terminado»
Los contactos no se coleccionan: se piden diez minutos

El tercer obstáculo («no conozco a nadie allá») empieza, según Aldo, en la mesa de hoy. De quién te rodeas te acerca o te aleja de irte. Cursos, webinars, gente que ya migró. Cinco o diez minutos. Así se empieza la red que todavía no tienes.
Luis Arvizu no mandó una solicitud a Electronic Arts. Un compañero de escuela lo invitó a trabajar en FIFA. Eso no es magia de Vancouver. Es el mismo mecanismo al revés: los compañeros de ahora son los contactos de después. Si la red de hoy no apunta al país al que quieres llegar, hay que construir otra, de a diez minutos, antes de tener el boleto.
«Yo no apliqué a Electronic Arts, me invitaron a trabajar con ellos por parte de él.»
El idioma es el reto que más se nombra, no el que más debe pararte

Aldo lo pone cuarto porque en las entrevistas aparece una y otra vez como el mayor obstáculo. Inglés, francés, italiano: «no me voy porque no lo sé». Su corrección es de uso, no de gramática. El objetivo no es pasar un examen. Es comunicarte. La práctica, Google Translate, las señas. Al llegar, encuentras la manera.
Johanna no suaviza el costo. En marketing las ideas se venden con palabras. Si quien escucha tiene que devolverse para entender, hay una interrupción. El acento no es el problema; dejar de hablar sí.
Sindy Ethel, cuando le dijeron que no en Nueva York, pidió retroalimentación: le faltaba pulir portafolio e idioma. Se puso en eso. El «no» sirvió de mapa, no de veredicto. Está en el mismo artículo del portafolio.
«Bueno, el primer paso es saber comunicarte Mientras te sepan entender y todo pero justamente lo que tú dices, o sea, es subir otro nivel y es meterle más, digamos, más estructura, lo que, cómo hablas y cómo lo dices, está bien tener acento, porque a mí también me lo han dicho mucho, de que no pasa nada, incluso es parte como del, sabes, o sea, del ecosistema, y en ciudades como Vancouver, como en San Francisco, es como que hay gente de todas partes del mundo,»
El dinero es coherencia, no un número mágico

El quinto freno es el que más gente le dice a Aldo en la cara: no tengo dinero. Su respuesta no es un producto. Es una pregunta: lo que haces hoy, ¿te acerca o te aleja de irte? Comida, antro, «al rato lo repongo». El sueño de Canadá o España convive con un gasto que no le corresponde.
Los sueños, dice, se logran con dinero. Hay que ponerlo. Plazo de cinco o diez años. El segundo mejor momento para empezar es ahora, porque el tren de los veinte ya se fue para mucha gente que escucha esto.
«señores es que no nos estamos preparando para la vida que queremos o sea poniéndonos a pensar»
El hilo es el tiempo
Los cinco puntos caben en una sola frase del cierre de esa caminata en Seymour Mountain. Vivimos en la época del ya. Las cosas que quieres no maduran de la noche a la mañana: ni el ahorro, ni la experiencia, ni los contactos, ni el idioma.
Migrar no espera a que desaparezcan. Espera a que dejes de tratarlos como cinco razones para no empezar. El episodio entero, quince minutos, está en el archivo del podcast; Johanna y Luis, en los suyos.
«Todos los puntos tienen que ver con tiempo. Vivimos en una época donde queremos toda la ya, donde queremos las cosas inmediatas.»
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Preguntas frecuentes
- ¿Cuáles son los cinco obstáculos para migrar?
- Los que más se repetían en las entrevistas del podcast: miedo al cambio, falta de experiencia, no tener contactos, el idioma y el dinero. Aldo Tobias los nombró en quince minutos desde Seymour Mountain, cerca de Vancouver, y el hilo que los une es el tiempo.
- ¿El miedo se quita antes de irte?
- No. En el episodio de los cinco obstáculos Aldo dice que el miedo siempre va a vivir con nosotros, y que los de antes de subir al avión no son los de después: mutan. Johanna Figueira llegó a Wells Fargo en San Francisco sin sentirse lista, y nombra el mismo miedo.
- ¿Hace falta tener contactos para migrar?
- La red se empieza antes del boleto, de a cinco o diez minutos. Luis Arvizu no aplicó a Electronic Arts: un compañero de escuela lo invitó a trabajar en FIFA. Los compañeros de ahora son los contactos de después.
- ¿El idioma tiene que estar perfecto para irte?
- No. Es el reto que más se nombra, no el que más debe pararte. Aldo insiste en comunicarte, no en dominar la gramática. Johanna, que trabaja en marketing, dice que el primer paso es que te sepan entender, y que está bien tener acento.
